MIGRACIONES Y EXILIOS (Segunda parte): Transformaciones migratorias en España: De país de emigración a receptor de inmigrantes (siglos XIX-XXI)

Segunda parte. Transformaciones migratorias en España: De país de emigración a receptor de inmigrantes (siglos XIX-XXI)

Profesora: Dra. Alicia Alted Vigil

Máster Universitario en la España Contemporánea en el Contexto Internacional, Marzo, 2025


Introducción

A lo largo de la historia contemporánea, España ha experimentado importantes transformaciones en sus dinámicas migratorias, pasando de ser un país de emigración a convertirse en un país receptor de inmigrantes. Desde el último tercio del siglo XIX hasta mediados de los años ochenta del siglo XX, millones de españoles abandonaron el país en busca de mejores oportunidades económicas, huyendo de crisis políticas o buscando refugio tras episodios de conflicto interno, como la Guerra Civil y la posterior represión franquista. Sin embargo, a partir de finales del siglo XX, la tendencia cambió y España comenzó a recibir un número creciente de inmigrantes, en gran parte debido a su integración en la Unión Europea, el desarrollo económico y la demanda de mano de obra en sectores clave.

Este trabajo tiene como objetivo analizar comparativamente estos dos periodos de la historia migratoria española, examinando las causas y consecuencias de la emigración masiva de españoles hasta mediados del siglo XX y el proceso de conversión del país en destino de inmigración desde la década de 1980 en adelante. Además, se abordará el impacto que la crisis económica de finales de la primera década del siglo XXI y la pandemia del COVID-19 han tenido en este proceso, así como la situación actual de los flujos migratorios en España.

Para ello, el trabajo se estructurará en varias secciones. En primer lugar, se estudiará el contexto histórico de España como país de emigración, analizando los factores políticos, económicos y sociales que impulsaron las salidas masivas de población. En segundo lugar, se explorará el cambio de signo migratorio desde mediados de los años ochenta, explicando los elementos que favorecieron la llegada de inmigrantes y su impacto en la sociedad española. Posteriormente, se examinará el efecto de la crisis de 2008 y de la pandemia de COVID-19 en los movimientos migratorios, tanto en términos de salidas como de llegadas. Finalmente, se ofrecerá un panorama de la situación actual y los retos que enfrenta España en el ámbito migratorio.

Con este análisis, se pretende ofrecer una visión global y comparativa de la evolución migratoria en España, destacando las continuidades y rupturas en sus patrones migratorios y reflexionando sobre los desafíos que plantea la gestión de la movilidad humana en el contexto contemporáneo.

1. España como país de emigración (siglo XIX hasta mediados del XX)

Desde el último tercio del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, España fue un país predominantemente de emigración. Durante este período, millones de españoles abandonaron el país en busca de mejores condiciones de vida en América y Europa, motivados por razones económicas, políticas y sociales.

Las primeras grandes olas migratorias tuvieron como destino América, especialmente Argentina, Cuba, Uruguay y México, donde se establecieron comunidades significativas de emigrantes españoles. Entre 1882 y 1935, aproximadamente 3,5 millones de españoles emigraron a América, aunque algunas estimaciones elevan la cifra hasta 4,7 millones. Estas migraciones respondieron a la demanda de mano de obra en sectores agrícolas, industriales y comerciales en países en expansión económica​.

A mediados del siglo XX, el flujo migratorio se desplazó hacia Europa, particularmente Francia y Alemania, en respuesta a la creciente industrialización y la escasez de mano de obra en esos países. La migración española a Francia se intensificó especialmente tras la Guerra Civil (1936-1939), cuando miles de republicanos se exiliaron, y más tarde en la posguerra, cuando la necesidad de empleo llevó a muchos a buscar oportunidades en el país vecino​.

Causas y consecuencias de la emigración española (siglos XIX-XX). 

La emigración española entre el siglo XIX y mediados del siglo XX fue un fenómeno motivado por diversas razones económicas, políticas y sociales. Durante este período, millones de españoles abandonaron su país en busca de mejores oportunidades en América y, posteriormente, en Europa. Este éxodo masivo tuvo un impacto significativo tanto en las comunidades de origen como en las de destino, configurando el desarrollo demográfico, económico y cultural de España y de los países receptores.

Factores económicos

A lo largo del siglo XIX y principios del XX, la economía española se caracterizó por su estructura agraria, una fuerte desigualdad social y crisis económicas recurrentes. La falta de tierras cultivables, el desempleo rural y los bajos salarios dificultaban la subsistencia de amplios sectores de la población, lo que dio lugar a que  miles de campesinos emigraran hacia América en busca de mejores oportunidades. Allí los países receptores ofrecían tierras y posibilidades de ascenso social, lo que constituía un atractivo considerable para aquellos que no encontraban opciones viables en su lugar de origen.  

A medida que avanzaba el siglo XX, la crisis del modelo agrario y la lenta industrialización de España consolidaron la emigración hacia los países europeos más desarrollados. La falta de empleo en sectores clave y la escasa capacidad del mercado laboral para absorber a una creciente población activa impulsaron el éxodo hacia naciones como Francia, Alemania y Suiza, donde la demanda de mano de obra favoreció la llegada de trabajadores españoles en la segunda mitad del siglo.

Factores políticos

La inestabilidad política fue otro factor determinante en la emigración española. Durante el siglo XIX, las guerras carlistas y los continuos cambios de régimen generaron un clima de inseguridad y represión que impulsó la salida de numerosos ciudadanos.

"las emigraciones políticas del largo siglo XIX -afrancesados, liberales, realistas, carlistas, progresistas, demócratas, internacionalistas, cantonalistas, republicanos y anarquistas-, fruto de la persistente guerra civil que presidió la construcción del Estado-nación español contemporáneo".

 Sin embargo, fue tras la Guerra Civil Española (1936-1939) cuando la emigración adquirió un carácter dramático. En enero de 1939, con la caída del frente del Ebro y la inminente entrada de las tropas franquistas en Barcelona, el gobierno republicano ordenó la evacuación de la ciudad, lo que desencadenó una huida masiva hacia la frontera francesa. Aproximadamente 440.000 republicanos cruzaron a Francia en lo que se conoce como "La Retirada", siendo internados en campos de refugiados o exiliándose de manera permanente en distintos países europeos y americanos. Como señala un testimonio de la época:

El día 22 de enero, ante el derrumbe definitivo del frente del Ebro, el gobierno republicano ordenaba la evacuación de Barcelona iniciándose una retirada masiva de población civil y fuerzas militares en dirección hacia la frontera francesa

Factores sociales y demográficos

El crecimiento demográfico de España en el siglo XIX y XX también desempeñó un papel fundamental en la emigración. La alta tasa de natalidad y el incremento de la población ejercieron una gran presión sobre los recursos disponibles, especialmente en regiones rurales donde la tierra y el empleo eran escasos. Aunque esta cuestión es discutible, la búsqueda de oportunidades en el extranjero se convirtió en una opción viable para miles de jóvenes que no encontraban perspectivas de futuro en su país de origen.

La modernización del transporte marítimo también fue un factor que facilitó la emigración principalmente la transatlántica, reduciendo los costos del viaje y permitiendo una mayor movilidad de la población. Los buques de vapor y las compañías de transporte ofrecían tarifas accesibles, lo que posibilitó el traslado de grandes contingentes de emigrantes hacia América y, posteriormente, hacia Europa.

La emigración tuvo efectos profundos en las regiones de origen. Una de las consecuencias más notables fue que actuó como válvula de escape de la población activa lo cual permitió reducir tensiones en el mercado de trabajo, especialmente en comunidades como Galicia, Asturias y Andalucía, donde la emigración fue más intensa. Además, la salida masiva de trabajadores agrícolas y obreros afectó la economía local, principalmente jóvenes, lo que dio lugar a un envejecimiento demográfico en muchas zonas rurales. Un último impacto social está relacionado con el desequilibrio de género en ciertas regiones, ya que la mayoría de los emigrantes eran varones .

2. La transición a país receptor de inmigrantes (últimas décadas del siglo XX y siglo XXI)

La evolución migratoria de España en el siglo XX presenta un giro significativo a partir de los años ochenta, cuando el país deja de ser mayoritariamente emisor de emigrantes para convertirse en un destino atractivo para la inmigración. Este cambio responde a una combinación de factores demográficos, económicos y políticos que favorecieron la llegada de población extranjera en busca de oportunidades laborales y de una mejor calidad de vida. La transformación fue gradual, pero se consolidó con la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1986 y su posterior integración en la globalización de los flujos migratorios.

Cambios demográficos y políticos que llevaron a España a ser receptor de inmigrantes

Uno de los principales elementos que impulsó la llegada de inmigrantes fue el cambio en la estructura demográfica española. Durante el franquismo (1939-1975), España experimentó un elevado crecimiento de población debido al aumento de la natalidad en los años del baby boom (1960-1975). Sin embargo, a partir de los años ochenta al igual que otros países europeos la tasa de natalidad comenzó a descender drásticamente lo que llevó al envejecimiento de la población y a la necesidad de mano de obra extranjera para mantener el mercado laboral y el sistema de bienestar.

En el ámbito político, la transición a la democracia tras la muerte de Franco en 1975 y la posterior entrada en la CEE en 1986 jugaron un papel fundamental. Con la apertura del país al exterior y la modernización de la economía, España dejó atrás décadas de aislamiento internacional y comenzó a atraer trabajadores extranjeros, principalmente de América Latina, el Magreb y, más tarde, del Este de Europa.

El crecimiento económico de los años noventa y principios del siglo XXI también resultó determinante. La expansión de sectores como la construcción, la hostelería y los servicios generó una demanda de empleo que la población española no podía cubrir por completo. Esto favoreció la llegada de inmigrantes dispuestos a ocupar puestos de trabajo en sectores poco cualificados y con condiciones laborales exigentes.

Las políticas migratorias y su evolución

Este paso hacia un país receptor de inmigrantes hizo necesaria la creación de políticas migratorias con objeto de regular estos flujos de población.

Uno de los primeros pasos significativos fue la aprobación de la Ley de Extranjería de 1985, que regulaba la entrada y permanencia de extranjeros en España. Esta norma, sin embargo, tenía un carácter restrictivo y estaba orientada principalmente a evitar la inmigración irregular en un contexto en el que España aún no era un destino prioritario para los migrantes.

Con el aumento de la inmigración en los años noventa y la necesidad de regularizar la situación de miles de trabajadores extranjeros, España implementó sucesivas reformas en su legislación migratoria. En 2000 se aprobó una nueva Ley de Extranjería que, si bien mantenía el control sobre la inmigración irregular, también introducía medidas para facilitar la integración de los inmigrantes, como el acceso a servicios sociales y laborales.

Desde entonces, se han llevado a cabo varios procesos de regularización masiva para legalizar la situación de aquellos inmigrantes que ya residían en España y trabajaban en la economía sumergida. Uno de los más importantes fue el de 2005, cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero otorgó permisos de residencia y trabajo a más de 600.000 inmigrantes que pudieron demostrar su arraigo y empleo en el país.

En la actualidad, la política migratoria española está influida en gran medida por la normativa de la Unión Europea. España forma parte del espacio Schengen, lo que implica la libre circulación de ciudadanos europeos, pero también el refuerzo de los controles fronterizos para los migrantes extracomunitarios. Además, el país ha suscrito acuerdos con naciones de origen de los inmigrantes para gestionar de manera ordenada los flujos migratorios y combatir la inmigración irregular, especialmente con Marruecos y otros países del norte de África.

La integración de los inmigrantes en la sociedad española

La llegada de inmigrantes a España ha supuesto un reto y una oportunidad en términos de integración social, cultural y económica.

Uno de los primeros aspectos a destacar es la importancia del mercado laboral en la integración de los inmigrantes. La mayoría de los recién llegados encontraron empleo en sectores como la construcción, la agricultura, la hostelería y el trabajo doméstico, donde la demanda de mano de obra era alta y las barreras de entrada eran menores. Sin embargo, muchos enfrentaron situaciones de precariedad laboral y bajos salarios, lo que vino a dificultar su plena integración en la sociedad.

En el ámbito social, España ha adoptado diversas políticas de integración, incluyendo el acceso a la educación y la sanidad pública. Los hijos de inmigrantes han podido incorporarse al sistema educativo español, lo que ha favorecido su integración a largo plazo. No obstante, en algunas zonas con alta concentración de población inmigrante, han surgido desafíos relacionados con la segregación y la necesidad de adaptar los programas educativos a una realidad multicultural.

La diversidad cultural ha sido otro aspecto clave de la integración. La inmigración ha enriquecido la sociedad española con nuevas tradiciones, gastronomía y formas de expresión cultural. En ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, es común encontrar barrios con una fuerte presencia de comunidades inmigrantes, donde conviven diferentes culturas y se celebran festividades propias de los países de origen.

Sin embargo, el proceso de integración no ha estado exento de tensiones. En algunos periodos de crisis económica, la percepción sobre la inmigración ha cambiado, y han surgido discursos xenófobos que asocian la llegada de extranjeros con problemas como el desempleo o la sobrecarga de los servicios públicos. A pesar de ello, los estudios sociológicos indican que la mayoría de los españoles tiene una actitud positiva hacia la inmigración y reconoce su contribución al desarrollo del país.

En términos legales, España ha desarrollado planes de integración, como el Plan Estratégico de Ciudadanía e Integración (PECI), que busca fomentar la inclusión de los inmigrantes a través de políticas de empleo, educación y participación ciudadana. También se han implementado programas de formación y aprendizaje del idioma español para facilitar su adaptación.

3. Impacto de la crisis económica de finales de la primera década del siglo XXI

La crisis económica de 2008 supuso un punto de inflexión en los flujos migratorios en España. Hasta ese momento, el país había sido un destino prioritario para la inmigración, con tasas de llegada de extranjeros en continuo crecimiento desde los años noventa. Sin embargo, la recesión mundial y el colapso del sector inmobiliario y la construcción –uno de los principales empleadores de mano de obra inmigrante– provocaron un cambio en esta tendencia.

Uno de los efectos más evidentes de la crisis fue el descenso del número de inmigrantes que llegaban a España y el aumento de las salidas, tanto de extranjeros como de españoles. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) entre 2008 y 2013 más de medio millón de inmigrantes abandonaron el país, la mayoría retornando a sus países de origen.

Fue el desempleo, que afectó con especial dureza a los sectores en los que trabajaban muchos inmigrantes, como la construcción, la hostelería y los servicios domésticos, el que forzó a replantearse su permanencia en España. La tasa de desempleo en la población extranjera superó el 30% en algunos momentos de la crisis, lo que evidenció la vulnerabilidad  de un colectivo con “menor resiliencia” ante la recesión económica. Otro aspecto importante fue el descenso en la llegada de nuevos inmigrantes. Durante los años previos a la crisis, España había recibido una media de 500.000 inmigrantes anuales, pero entre 2009 y 2013 estas cifras cayeron drásticamente. 

En paralelo, el éxodo de españoles al extranjero aumentó considerablemente. Miles de jóvenes, afectados por la falta de oportunidades laborales y la precariedad, optaron por emigrar a otros países europeos, como Alemania y Reino Unido, o a destinos tradicionales de la emigración española, como Argentina y México.

Cambios en las políticas migratorias y en la percepción social hacia los inmigrantes

La crisis económica también tuvo un impacto en las políticas migratorias españolas, que pasaron de una relativa apertura en la década de 2000 a una mayor restricción en los años siguientes.

Uno de los cambios más importantes fue la reducción de las regularizaciones masivas, un mecanismo utilizado en España en el pasado para otorgar permisos de residencia y trabajo a inmigrantes en situación irregular. Ante la falta de empleo y el aumento del desempleo, el gobierno español endureció los requisitos para la obtención y renovación de permisos de residencia y restringió el acceso a prestaciones sociales para los extranjeros.

Se produjo un endurecimiento del control de fronteras y de las condiciones para la reagrupación familiar. En un contexto de crisis, el discurso político y mediático sobre la inmigración se tornó más restrictivo, y algunas medidas generaron controversia, como la exclusión de los inmigrantes en situación irregular del acceso gratuito a la sanidad pública en 2012, una medida que posteriormente fue revertida por su impacto social y sanitario.

Desde el punto de vista social, la percepción de la inmigración también cambió. Antes de la crisis de 2008, la mayoría de los españoles tenía una visión positiva de la inmigración, destacando su contribución al desarrollo económico del país. Sin embargo, con el aumento del desempleo y la precariedad, surgieron discursos que culpaban a los inmigrantes de la saturación del mercado laboral y del aumento del gasto en servicios sociales. A pesar de ello, estudios sociológicos han demostrado que, en general, la población española mantuvo actitudes menos hostiles hacia la inmigración en comparación con otros países europeos, como Italia o Francia.

4. Impacto de la pandemia del COVID-19

La pandemia del COVID-19, declarada en marzo de 2020, tuvo un impacto sin precedentes en la movilidad a nivel global. Las restricciones sanitarias, el cierre de fronteras y la paralización de la economía afectaron directamente a los flujos migratorios hacia y desde España.

Uno de los primeros efectos fue el descenso drástico de la llegada de inmigrantes debido al confinamiento y la imposibilidad de viajar. Los datos del INE muestran que en 2020 la entrada de nuevos inmigrantes se redujo en un 25% respecto al año anterior, debido a la suspensión de vuelos y la incertidumbre económica.

En el caso de los inmigrantes ya residentes en España, la pandemia agravó su situación de precariedad, especialmente las mujeres. Los que trabajaban en sectores esenciales, como la agricultura, la sanidad y el servicio doméstico, estuvieron expuestos a mayores riesgos de contagio. Otros, en cambio, se vieron afectados por el cierre de negocios y el desempleo, especialmente en sectores como la hostelería y el turismo.

Además, la pandemia incrementó la irregularidad de muchas personas que perdieron su empleo y, con ello, la posibilidad de renovar sus permisos de residencia. Como respuesta, el gobierno español adoptó medidas excepcionales para extender automáticamente los permisos de residencia y trabajo durante el estado de alarma, evitando que miles de inmigrantes cayeran en la ilegalidad.

Ante la emergencia sanitaria, el gobierno español tomó varias decisiones para mitigar los efectos de la pandemia sobre la población inmigrante.

Una de las medidas más destacadas fue la regularización de inmigrantes en sectores esenciales. En 2020, el gobierno impulsó un proceso para facilitar la contratación de trabajadores extranjeros en la agricultura, un sector clave para garantizar el abastecimiento de alimentos durante el confinamiento. Esta medida benefició especialmente a inmigrantes en situación irregular que, de otro modo, no podrían haber accedido a empleos formales.

Otra respuesta importante fue la reintegración de los inmigrantes en el sistema sanitario público, independientemente de su situación legal. Aunque “las personas extranjeras en situación administrativa irregular, el RDL 7/2018 les garantiza el derecho a la atención sanitaria en las mismas condiciones que las personas con nacionalidad española”, la crisis sanitaria demostró la necesidad de garantizar atención médica a toda la población para contener la propagación del virus, lo que no estuvo exento de dificultades especialmente en algunas comunidades autónomas. 

En el ámbito de la percepción social, la pandemia contribuyó a visibilizar de forma positiva la importancia de la población inmigrante en sectores esenciales: “Nunca se han publicado tantos reportajes e investigaciones periodísticas sobre las degradadas condiciones laborales del campo español como durante la pandemia”. Médicos, enfermeros, cuidadores, repartidores y trabajadores agrícolas, muchos de ellos inmigrantes, fueron clave para el funcionamiento del país en un momento crítico, lo que ayudó a generar una mayor valoración de su papel en la sociedad española.

Conclusión

España ha experimentado una transformación profunda en sus dinámicas migratorias, pasando de ser un país de emigración a convertirse en un destino prioritario para la inmigración. Desde el siglo XIX hasta bien avanzado el siglo XX, millones de españoles emigraron en busca de mejores oportunidades, primero a América y luego a Europa, impulsados por crisis económicas, conflictos políticos y falta de empleo. Fue a partir de los años ochenta cuando España comenzó a atraer población extranjera debido a su crecimiento económico, su integración en la Unión Europea y la demanda de mano de obra en sectores clave. En este proceso, la crisis de 2008 supuso una notable reducción en la llegada de inmigrantes y provocó la salida de muchos de ellos, mientras que la pandemia de COVID-19 puso de manifiesto el papel fundamental que desempeñan en sectores esenciales. En la actualidad, España sigue enfrentando retos en la gestión de la inmigración, incluyendo la integración social, la regulación del mercado laboral y el impacto de discursos políticos sobre la percepción de la población inmigrante en la sociedad.


Bibliografía citada

Libros y monografías

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Artículos académicos

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Webgrafía




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